Un pulso al fracaso que hay que ganar 💪🏻📚

En clase hemos visionado un documental titulado "Pulso al fracaso" que fue realizado en la Fundación Tomillo, un centro de estudios para jóvenes de entornos vulnerables en el cual trabajan para que tengan una segunda oportunidad en el sistema y no fracasen en sus vidas. Se trata de encaminarles hacia un futuro y encontrar un punto de inflexión que les motive para que encuentren algo a lo que dedicarse, algo que estudiar o unos objetivos que muchos de ellos veían imposibles antes de comenzar sus estudios en el centro.

Podemos diferenciar varias figuras dentro del alumnado, aquellos chicos que comienzan sus estudios de forma voluntaria y con muchas ganas de descubrir todo lo que pueden obtener de esta oportunidad y otros que van viendo cómo su vida cambia durante el programa y agradecen la recomendación de haber entrado en este centro para formarse. Los chavales asisten a lecciones informática, educación física, cocina...tratando de buscar algo en lo que se sientan cómodos y se vean competentes buscando así un futuro. Sus mentes comienzan a evolucionar de nuevo.

Respecto a los docentes, merecen mucha admiración por mi parte. Se trata de un grupo de profesores motivados, que luchan porque esos jóvenes salgan adelante creyendo profundamente en ellos y en su posible cambio. No lo tienen fácil puesto que tratan con personas que en un pasado fueron conflictivas, procedentes de muchas etnias diferentes y con unas vidas bastante duras y problemáticas, pero en ningún momento pierden su vocación y son persistentes en la creencia de que estas personas son capaces de salir adelante y luchar por sus derechos y calidad de vida. Establecen nuevas dinámicas para trabajar los conocimientos y se emplean al máximo tanto profesional como personalmente porque el proyecto salga bien y puedan ayudar a todos esos jóvenes.


La pasión de estos docentes trae a mi mente unas prácticas que realicé en la asignatura de Educación Ambiental en las que tuvimos la gran oportunidad de cruzar las puertas de un centro y ser por un día partícipes de su dinámica, de su clima escolar y de varias mañanas de trabajo que me marcaron para siempre. 

Nuestro destino fue el C.E.I.P. "Lazarillo de Tormes" en Salamanca localizado dentro del barrio de Chamberí, un barrio obrero, un poco aislado de la ciudad y de gran diversidad étnica como podría ser el centro de la Fundación Tomillo. Allí asistimos a varias clases de cursos intermedios de primaria para realizar algunas actividades sobre naturaleza, animales o alimentación saludable. La gran mayoría de los alumnos que allí estudian son de etnia gitana y por lo que pudimos saber por sus profesoras, no suelen asistir mucho a clase y se podían percibir ciertos rasgos de personalidad que también he visto en el vídeo de personas con culturas similares pero en edades más adultas.

Fue para mi un placer formar parte de todo aquello y conocer un colegio tan diverso, pero me llamó mucho la atención que los niños desconocieran algunos elementos básicos. Realizamos una dinámica para elaborar brochetas de frutas y muchos de ellos se sorprendían al ver por primera vez un kiwi, ver cómo se pela una manzana o saber que los puntitos de las fresas son sus semillas. Su profesora nos contó que no estaban muy familiarizados con ellas ya que en los recreos solían comer productos de bollería, galletas industriales o incluso chucherías.

Pero la motivación y vocación de esa profesora y su afán en formarles como personas le había hecho darse cuenta justamente de este problema hace tiempo y sin pensarlo dos veces ponerle solución. Personalmente había implantado algunas costumbres cotidianas en sus alumnos como el lavado de manos, la limpieza del aula y de los lugares de estudio y por supuesto ¡el día de traer una fruta para el recreo! 

En un futuro yo quisiera ser como ella y como ellos, colaborar como docente en formar personas con las mismas oportunidades que el resto procedan de donde procedan. Ser suma en que puedan acceder a una segunda oportunidad de calidad que les abra unas puertas que muchas veces la sociedad ya les cierra por una condición de creencias, cultural o étnica. Necesitamos profesores que ayuden al cambio, que no se dejen a nadie con voluntad y capacidades atrás y que ganen juntos ese pulso al fracaso.



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